RECOMENDACIONES PARA ABOGADOS NOVELES

Luis Cáceres Ruiz
Magistrado
Doctor en Derecho

RECOMENDACIONES PARA ABOGADOS NOVELES

El abogado se dirige al juzgado para reclamar -o rechazar algo que se reclama- en defensa de su cliente. La suerte que corra su reclamación depende de si los hechos están de su parte, de las pruebas que tenga para acreditar su versión y de la Ley.
No obstante, lo anterior no es automático. Depende de elementos subjetivos: testigos, peritos, partes… y del juez.
El juez es el que decide la cuestión. Es una realidad insoslayable. Por eso los letrados han de ser conscientes de que sus escritos, sus informes orales, las preguntas que formulen a partes, testigos y peritos y las respuestas que busquen en realidad están dirigidas al juez -al que conoce de su asunto y a los que podrían actuar al resolver un recurso-.
Aquí quiero formular algunos consejos o recomendaciones a los abogados noveles desde el punto de vista del juez.

ESCRITOS.

– Hechos.
La demanda y contestación fijan la controversia. Por ello, no debe comenzarse comentando los hechos, sino que deben narrarse con precisión. El juez solo conoce la demanda y la contestación, ignora el resto y no puede entrar a considerar hechos no alegados en los escritos iniciales. Los hechos alegados delimitan lo discutido en el juicio. Es una incorrección habitual no introducir algunos hechos en la demanda o en la contestación y hacer referencias, preguntas y alegaciones después sobre ellos.
El actor debe plantear cuidadosamente todos los hechos y pruebas que sustenten la pretensión que formula en la demanda, independientemente de lo manifestado antes por el demandado en conversaciones privadas. A veces alguien que ha reconocido privadamente parte de una deuda, llegado el juicio, se opone a la totalidad de lo reclamado.

– Fundamentación Jurídica.
Esencial: claridad y concreción. Tras describir con claridad los hechos o negar los hechos de contrario, la argumentación jurídica ha de ser lo más precisa posible. Ayuda mucho dividir correctamente los distintos fundamentos, cada uno abordando una cuestión.
Una forma clara de expresarse es indicar los artículos aplicables y menciones jurisprudenciales citando la jurisprudencia más reciente posible; a continuación, hacer referencia a los requisitos exigidos para que prospere la demanda, explicando uno por uno cómo concurren en el caso discutido.
El mismo esquema puede utilizarse para refutar la fundamentación jurídica contraria.

– Suplico.
La petición final ha de ser clara y concreta, sin añadir más argumentos. Las argumentaciones han de venir antes. Un suplico o petición está bien redactado si el juez puede copiarlo literalmente en el fallo de la sentencia, sin modificar una coma.
Pocas cosas desesperan más a un juez que un extenso escrito realizando consideraciones y argumentaciones que termina con un escueto “que se acceda a lo solicitado en este escrito”.

– Forma.
Es contraproducente realizar calificativos de la actuación de la parte contraria. Lo mejor es poca o nula adjetivación. Nada de signos de exclamación o preguntas retóricas o irónicas. Las ironías, la hilaridad, no quedan bien en un escrito del procedimiento y con dificultad en un informe oral.
Es mejor no escribir para rellenar. Expresar largas argumentaciones innecesarias solo sirven para desviar la atención de lo esencial. Salvo que se plantee discusión o no sea claro, no hacen falta extensas explicaciones sobre competencia, tipo de procedimiento, intereses y costas.
Recomiendo escribir con letra tamaño 12, espaciado simple o sencillo entre renglones, separando párrafos y con sangría al inicio de cada párrafo. Un texto con todo seguido, sin separar párrafos, se lee muy mal. Y un escrito con las líneas a doble espacio, también.
Es mejor no mezclar distintos tipos de letras, -excepcionalmente dos, si se quiere en algún párrafo suelto reproducir con otro tipo de letra un texto de la ley, jurisprudencia o parte de algún documento- y no abusar de negritas ni cursivas, reduciendo su uso al mínimo o ninguno.
Igualmente desaconsejo subrayar. Hace el texto más confuso y no sirve de nada.
Sugiero no escribir palabras enteras con mayúsculas y nunca escribir con mayúsculas más de una frase. Un párrafo todo en mayúsculas se lee fatal.
Un escrito que se lee mal, además de que se entiende peor, causa mala impresión del letrado que lo hace y de la causa que sustenta. Es, salvando las distancias, la misma mala impresión que causaría un escrito con tachones o manchas.

ACTUACIONES ORALES.
– Interrogatorio de testigos, peritos y partes.
Conviene evitar peleas y enfrentamientos. No es el objeto de la declaración el debatir con el testigo, perito o parte. No hay que intentar convencer al testigo o perito. Lo que hay que intentar es que declare en el sentido que estimamos oportuno.
Por ejemplo, un perito ha tasado un bien hurtado en 410 euros -justo por encima de los cuatrocientos euros, impidiendo que el hecho sea calificado como delito leve en perjuicio de nuestro cliente acusado-. El abogado que se enfrenta dialécticamente al perito no va a conseguir que éste cambie su tasación. Sin embargo, bastará que el letrado pregunte amablemente: usted no ha podido ver el bien que tasaba, ¿verdad? -algo muy habitual, porque se trate de un bien sustraído o porque el perito no haya tenido acceso-. Y después: por lo que de haber podido ver el bien concreto su tasación podría tener alguna variación ¿no? Es suficiente generar una duda razonable en el juez y que no se califique el bien como de un valor de más de 400 euros. Casi nunca se va a convencer al perito para que rectifique su informe. Pero recordemos, se trata siempre de convencer al juez.
El abogado ha de aprovechar la ventaja de preguntar el último a un testigo de la parte contraria. A veces para no realizar ninguna pregunta. Si el testigo no ha servido de nada tras ser interrogado por la parte que lo propone, muchas veces es mejor no preguntar. O si el testigo ha respondido de forma favorable en alguna cuestión y nos toca preguntar ya en último lugar, el letrado no debe reiterar la cuestión. El testigo puede desdecirse o aclarar, “no, es que me refería a…” y cambiar lo dicho. El letrado que pregunta el último tiene la ventaja de saber exactamente qué le interesa preguntar… y lo que no.
Lo mismo ocurre con los testigos propuestos por el demandado o la defensa en un juicio penal. Al declarar los últimos existe la posibilidad de renunciar a su declaración. Casi todos los jueces penales hemos condenado a algún acusado basándonos en lo declarado por un testigo de la propia defensa.

– Informes.
Reiteramos: claridad y precisión. Ya ha existido un trámite general de argumentaciones iniciales. El informe está para valorar las pruebas y argumentar las cuestiones controvertidas, el objeto de la cuestión, y no para repetir la demanda o contestación. Tampoco para hacer un estudio general de una materia.
El discurso ha de ser ordenado. El esquema análisis de las pruebas, hechos, argumentos jurídicos y petición me parece siempre adecuado. Haciendo sobre todo hincapié en lo complejo y controvertido.
Recordad que el juez tiene ese y otros asuntos más, que resolverá seguramente sin ver la grabación del juicio, que entre vuestro juicio y la sentencia habrá otros juicios, vistas, otras sentencias… Por ello es esencial ser claro e ir directo a la controversia.
El informe oral final tiene que referirse al juicio. Por eso no debe venir escrito de antemano. Puede haber un guion, algún párrafo redactado, pero no en su integridad.
A veces el abogado tiene preparada en profundidad la exposición de alguna cuestión controvertida que luego en el juicio deviene irrelevante. Por ejemplo, la parte contraria en ese punto le da la razón sobre la marcha; cuestión zanjada que en el informe oral sólo debe recordarse sin más profundidades. A pesar de que el abogado tenga la tentación de reiterar los argumentos que trabajosamente se había preparado.
En juicios como los penales en que se distingue entre conclusiones e informe, no procede hacer nuevas peticiones en el informe. Hay que hacerlo antes en las conclusiones definitivas.

CONCLUSIÓN.
El abogado, de palabra y por escrito, debe dirigirse al juez, los demás colegas e intervinientes con educación y respeto, pero con firmeza. La experiencia le dará el justo equilibrio para ser firme pero educado, agudo pero respetuoso. El letrado tiene que ser cortés y correcto al dirigirse al juez -y viceversa-, pero no adulador. Un abogado se gana el respeto y consideración profesional defendiendo adecuadamente a sus clientes.
A veces un juez recibe en sala a un abogado incómodo por sus continuas protestas y objeciones. Pero eso no significa que tenga en mal concepto al letrado, si sus peticiones son razonables y defiende correctamente su causa. Porque, aunque el abogado siempre hable para el juez, el interés que ha de perseguir siempre es el de su cliente.

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